domingo, 9 de noviembre de 2008

LA VERDADERA PROSPERIDAD

"3Jn 1:2 Amado nuestro, en todo hago oración por tí, para que prosperes y tengas buena salud, así como prospera tu alma (Peshitta en Español, )."

Desde hace mucho tiempo se ha estado difundiendo la idea doctrinal de la prosperidad como una cualidad que debe estar presente en la vida de los creyentes. Algunos han ido más allá al postularlo como una doctrina fundamental y hasta lo colocan como una regla para medir la vida espiritual de una persona. Y ciertamente, la prosperidad es un estado el cual nosotros debemos vivir y permanecer, porque el vivir en el "modo" de prosperidad es uno de los planes y propósitos de Dios para nosotros. Ahora, ¿es la prosperidad lo que pensamos que es? ¿Es lo que muchas veces nos han vendido, como el simplemente alcanzar un estado de economía óptimo? ¿Es el simplemente estar "libre de deudas" o tener un negocio exitoso? ¿Es poder tener lujos?

Por supuesto, toda persona en su sano juicio persigue alcanzar estados económicos superiores a los cuales estamos y citamos el verso que antecede esta bitácora. Sin embargo, cuando analizamos y escudriñamos con detenimiento el pasaje del apóstol Juan, nos podemos dar cuenta que, aun en palabras relativamente sencillas, el contenido y alcance del mensaje va mucho más allá. 

La palabra "prosperidad," en las traducciones provenientes del griego, se escribe "eudoo," y el término significa "ayudar en el camino de otros," según el diccionario Vine. Es un término usado en voz pasiva, lo que implica que la prosperidad implica un "estado de dependencia de otro." La prosperidad de Juan NO depende de nuestra sagacidad humana o de nuestro esfuerzo, sino que depende de nuestra sumisión y sujección a Dios. Cuando Juan le dice a Gayo que oraría que prosperara, lo hace bajo la premisa de que el ser humano necesita de Dios para progresar, para echar adelante. ¿Es voluntad de Dios que el progreso del hombre sea solamente en el tamaño del bolsillo? Sabemos que, en un mundo material, las cosas se obtienen a base del dinero; sin embargo, nosotros no solamente somos máquinas de hacer dinero ni vivimos solamente para eso. Si ese fuera el único objetivo, tendríamos que decir que, comparados con Bill Gates o cualquier otro magnate petrolero, estaríamos muy lejos de la prosperidad que muchas veces se nos es vendida y ellos serían los "gatekeepers" de Dios y nosotros sabemos que eso está muy lejos de la verdad. El hijo de Dios próspero es aquel que, bajo la dirección de nuestro Padre, la fe de Jesús y la dirección del Espíritu Santo, consigue superar sus metas personales, familiares, emocionales, sociales, económicas y, sobre todo, espirituales. Y la prosperidad personal debe ir sujetada a la prosperidad anímica; o sea, si no hay concordancia o paridad entre la prosperidad del alma y la prosperidad personal, por lo que podemos entender de las palabras de Juan, existe un conflicto que hay que resolver. 

Ciertamente, deseo yo que todos seamos prósperos en todos nuestros caminos; solamente deseo que, en vez de darle tanto valor a lo económico (lo que muchas veces puede reflejar dónde es que verdaderamente está nuestro corazón), comencemos a enseñar que Dios busca almas prósperas y que esa prosperidad implica dependencia de Dios. 

¿Qué piensan sobre esto?