lunes, 14 de diciembre de 2009

EL PLAN MAESTRO

Mat 6:24 Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir á Dios y á Mammón. (SRV)


Pongo ese verso bíblico, porque sin duda es uno de los versos menos entendidos y peor interpretados de la Biblia y es uno de los versos que Satanás usa de diferentes flancos como una forma de minar la obra de Dios, llevada a cabo por Su Iglesia; pero a eso iremos luego. Primero, desmenuzemos el verso para luego llegar a las consecuencias de una mala interpretación.


Antes de eso, Jesús nos habla de no hacer tesoros en la tierra, sino que los hagamos en el Cielo. En ningún momento se dice que NO hagamos tesoros, tengamos eso en cuenta. El asunto radica en que nuestro tesoro debe provenir del mismo que es el oro y la plata, porque Él proveerá el medio para que eso sea así. Volviendo al texto en cuestión, notemos que está hablando de DOS SEÑORES. Nos habla de Dios y nos habla de Mammon (palabra siriaca-aramea usaba para el dios de las riquezas). De hecho, en muchas traducciones al español, se usa, en vez de Mammon, Dinero (con mayúscula). Esto debe interpretarse como que el dinero o el adquirir y/o poseer riquezas es malo o pecaminoso? JAMÁS. Lo que sí dice Jesús es que no hemos de ser gobernados por la entidad espiritual (señor) que busca regir nuestras vidas por medio de las riquezas materiales, alejándonos de nuestro Señor. El papel moneda NO es un señor; el espíritu inmundo que busca desviarnos de Dios por medio del afán de lucro sí lo es.


Desde hace mucho, una de las acusaciones que se ha estado gestando es que la Iglesia y sus líderes solamente buscan lucrarse por medio de la fe. A pesar de que la gran mayoría de las iglesias son iglesias con poca solvencia y a pesar de la gran cantidad de misioneros que hay dejando todo por la obra de Cristo, esa idea persiste. Yo no digo que, en muchos casos, no sea así; pero cada día me convenzo más de que, lejos de hacer el señalamiento con fines genuinos, de buena cristiandad o altruismo, lo que existe es un plan maestro de Satanás para evitar que el Evangelio se propague. Si no, expliquen cómo es que el Cuerpo de Cristo se expande. Por supuesto, usa diferentes medios: la evangelización casa por casa, la expansión geográfica y de servicios de las congregaciones, las campañas evangelísticas, los medios de comunicación limitados o masivos, los viajes misioneros y cruzadas, etc. Todos ellos involucran el uso de una cosa: dinero. Mientras más dinero pueda usarse, mayor alcance habrá. Claro, es el Espíritu Santo quien añade miembros al Cuerpo, no los recursos económicos; pero el alcance, en esta tierra, se da por el medio económico. Satanás sabe eso y busca de todas las maneras posibles evitar que los hijos de Dios hagan uso del dinero para la obra, de que tengan problemas financieros y que tengan que verse en la necesidad de caer esclavos, sí, esclavos, de las deudas y los cobradores. Y para eso, Satanás hace dos cosas: provoca la avaricia en ciertos líderes religiosos hambrientos de poder que buscan provocar la pobreza de otros en favor de sus arcas personales y, al mismo tiempo, usa siervos útiles, por ignorancia o a sabiendas, para condenarles y provocar cismas en las congregaciones. Es como el individuo que mata a sus padres y luego pide clemencia porque quedó huérfano. Igual es Satanás al usar el tema del dinero: busca cubrir todas las bases.

No nos dejemos engañar. Si el Señor es el dueño del oro y la plata, ¿por qué hay personas autonominadas cristianas que hablan tan mal del dinero o de que haya prosperidad en la casa? ¿Por qué la obsesión enfermiza y desproporcionada? Me atrevo a decir categóricamente que son agentes al servicio de Mammon. A Mammon no le importa si Bill Gates, Sam Walton o algún jeque árabe posean billones y billones de dólares; pero le ENFERMA ver a una iglesia la cual DIOS prospera cuando está en SU presencia, y busca todas las maneras para hundirla, buscando a aquellos cristianos que son siervos de Mammon (la cizaña) para desacreditar y destruir a los verdaderos siervos de Dios (el trigo). Como dijo Juan, que de la misma forma que nuestra alma prospera, todo lo demás en nosotros sea próspero. Que no haya miedo a subir a las alturas que el Señor tiene destinadas para nosotros.

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